“¿Cómo se puede hacer un Ironman y volver con una sonrisa para contarlo?” Esta es la pregunta que con quince años se hizo Daniel Muñoz cuando escuchaba a una persona relatando lo que había vivido horas antes al cruzar la línea de meta de Lanzarote.

Lo que Dani no sabía es que años después, en una situación donde un ser muy querido luchaba por su Vida, se haría una promesa con la que iniciaría el camino más intenso de los que ha emprendido, un viaje que ahora le cautiva y le ilusiona día a día. Pensó: “querido hijo, si tú luchas por tu Vida yo te prometo luchar por ser Finisher en el Ironman”.

Y así, combinando horarios donde el final de la jornada laboral se une con el inicio del entrenamiento y el final de esa sesión se funde con el tiempo dedicado a su adorada Familia (y vuelta a empezar) Daniel ha conseguido responder a la primera pregunta que se hizo cuando comenzó su preparación para el Ironman: “¿seré capaz?”. Y es que, “si tienes un porqué siempre encuentras un cómo”, afirma cuando recuerda su día a día y todas las combinaciones que ha de hacer para llegar a cumplir con sus pilares en la Vida: su mujer Pili y su hijo Manuel, sus amigos y sus Retos, esos que él dice que “le aportan al día a día esa chispa para decir: hoy quiero mejorar”.

El pasado mes de mayo Lanzarote tenía preparada una jornada donde las duras condiciones del mar y del viento ratificaron los motivos por los que ese Ironman es considerado como uno de los más exigentes del Mundo. Pero incluso en ese escenario el Gran Dani pensó justo antes de entrar al agua a las 07:00h de la mañana: “hoy me lo voy a pasar genial”.

Sabía que los más de seis meses de preparación cuidando milimétricamente cada detalle, cada pulsación, cada minuto, como a él le gusta hacer en todos los proyectos que emprende, darían sus frutos, máxime cuando aprendió en su camino algo que trasladar al resto de su Vida: “si algo me ha enseñado el Ironman es a tener paciencia”. Y aquel día de mayo del 2015 la necesitó toda.

Con Pili y Manuel impulsando su corazón y esa paciencia que fue labrando entrenamiento a entrenamiento, Dani fue haciendo realidad cada acto del Ironman con precisión suiza, nadando, pedaleando y corriendo exactamente en los parciales estimados hasta que llegó el momento que todo Finisher llega a sentir como algo muy especial, ese en el que traspasar la barrera de lo físico para entrar en la dimensión en la que la mente te lleva hasta el final. Dani recuerda así ese mágico instante: “cuando tu cuerpo te grita ¡para! tu mente dice ¡un poco más! y el sueño se cumple”.

En Lanzarote además, un número de tres cifras quedó grabado para siempre como un referente asociado a su Felicidad: el dorsal 539, ese que le identificó en cada metro de la isla de los volcanes, ese que define lo que vivió cuando cogió en brazos a su hijo para recorrer los últimos metros antes de llegar a la meta más deseada, ese instante que él relata como el momento en el que “entré en el Universo del Ironman”.

Poco después, en Mallorca, el 539 redondeó otro día para siempre al conseguir su segundo Finisher con un tiempo más de dos horas por debajo del que firmó en Lanzarote. También allí, al llegar a la recta final volvió a sentir algo extraordinario: “sumas tantas emociones que todas ellas juntas deben de tener algún nombre aún no descrito en los libros de ciencia”.

Encontrarse a Daniel es tener asegurada la dosis enorme de positividad de una persona que cada momento desea brillar y que es consciente de la riqueza que suponen los pequeños detalles en cada día de existencia. Encontrarse a Daniel es recibir la energía del que piensa que “si se quiere y se ama lo que se hace, siempre se puede”.

En 2016 los Ironman de Texas y Barcelona serán las dos siguientes oportunidades en las que Dani dejará patente esa magnífica Filosofía de Vida que siente segundo a segundo y que ahora le permite sonreír mientras explica con pasión cómo se puede volver de un Ironman y contarlo con una sonrisa, esa afirmación a la que él sí que le ha encontrado una gran respuesta.

Texto: José Ramón Callén Rodríguez.

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