Hawai’i es singular en el mundo del deporte por múltiples factores, pero sin duda, el que más hace brillar a Big Island (el apelativo con que se reconoce a esa isla del Pacífico) es la fecha que supone, año tras año, la referencia máxima del mundo del Triatlón: el Ironman World Championship.

Cuando en 1977 John Collins propuso la idea de encadenar la travesía a nado de Honolulu, la vuelta ciclista a la isla de Oahu y concluir el día con el Maratón de la capital de ese pequeño punto del planeta, no podía imaginar lo que poco tiempo después pasaría a ser una verdadera Filosofía de Vida para muchas personas: el Ironman.

El creador del primer Triatlón de la historia con el formato “natación + ciclismo + carrera a pie” definía aquel Reto como la posibilidad de ser “mejor que el que una vez fuiste”, con la perspectiva de que cualquier deportista que completase esa competición sería la demostración de una fortaleza interior y exterior de un calibre extraordinario, quedando representada con el trofeo que le daría imagen: una silueta de un deportista forjada en hierro.

Y así, con esos ecos que siempre tiñen el amanecer del Ironman en Kona, suena cada octubre el cañonazo que abre cada una de las ediciones en las que soñadores de todo el mundo convierten en realidad el momento más esperado de sus vidas deportivas: nadar con las grandes olas de la playa de “Dig Me Beach”, pedalear junto al fuerte viento por la Queen-K y correr con la humedad y la temperatura por las nubes por Ali’i Drive y el Energy Lab para cruzar la línea de meta más soñada del planeta.

El pasado 10 de octubre (sábado), fieles a las tradiciones que siguen perdurando en un evento de esa magnitud, cerca de dos mil almas sintieron en primera persona lo que la historia ha ido escribiendo desde que Kona es el punto de referencia del Planeta Ironman.

Entre los profesionales, las apuestas acertaron al apuntar al alemán Jan Frodeno (Medalla de Oro en Triatlón en los Juegos Olímpicos de Pekín) y a la suiza Daniela Ryf (ambos vendedores hace unas semanas en el Ironman 70.3 World Championship) como los favoritos para hacerse con las coronas con las que se consagra a los vencedores en Hawai’i y que a partir de ahora, además de suponer una alegría para toda la Vida, serán también una responsabilidad máxima como estandartes de todo un deporte: el Triatlón.

Lo magnífico de esta competición singular es que el rosario de triatletas que llegaron después que Frodeno y Ryf a cruzar la línea de meta más deseada lo hicieron con una sonrisa en los labios, con un gesto de alegría completa o con una lágrima con la que se resume la eterna felicidad que sintieron al inmortalizar un momento que permanecerá en sus vidas para siempre.

Kona volvió a ser Kona, por su magia, por su viento, por su calor, por su historia y porque allí, en aquel precioso rincón del planeta, fueron bautizados dos mil soñadores con la frase con la que se recibe a cada uno de los participantes al entrar en meta: “You are an Ironman!”, cuatro palabras que resumen un auténtico Estilo de Vida.

Texto: José Ramón Callén Rodríguez.

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