Ciento noventa y ocho ciclistas comenzaron la competición que recorre la península sobre ruedas, la Vuelta a España 2015. Al acercarse a ese pelotón se observan piernas esculpidas al detalle, miles de kilómetros después de haber comenzado a girar las bielas, allá por el mes de diciembre, rumbo al máximo rendimiento.

Sin embargo, al adentrarse en ese grupo multicolor de maillots los protagonistas del pelotón se caracterizan por cualidades bien diferenciadas, como diferente es su entrenamiento. A saber: un grupo, el más reducido, se dedica a buscar su momento de gloria al aparecer como misiles en los últimos metros de una llegada al sprint. Cuerpos como los de Cavendish o Greipel son incomparables con los del resto: musculaturas mucho mayores y gracias a ello la capacidad para generar una potencia descomunal. En los últimos segundos antes de cruzar la meta pueden llegar a mover hasta 1500 vatios, algo que supone que los que quieren ganar deben generar entre 23,50-23,16 vatios por cada kilogramo de peso corporal durante esos últimos cinco segundos de disputa entre locomotoras humanas.

Un segundo grupo de habitantes del pelotón lo suponen aquellos que tratan de cazar su etapa entrando en una de las escapadas. Son expertos rodadores que también lucen en las clásicas de un día cuando al final del esfuerzo continuado durante horas se corona a uno de los mitos que es capaz de ganar, por ejemplo, una París-Roubaix, la gran referencia para los clasicómanos, algo que ha logrado Cancellara en tres ocasiones. Sus cuerpos están a medio camino entre los esprínter y los escaladores, ni tan musculados ni tan finos, y pueden llegar a mover en los test de cinco minutos que realizan hasta 7,60-7,46 vatios por cada kilogramo de peso corporal.

Finalmente se divisa a los escaladores, aquellas plumas que se llevan la gloria final de ganar en los ascensos míticos y en las grandes vueltas. La clave de todo su rendimiento radica en su peso y es que, cuanto mayor es la pendiente de un puerto y mayor es la longitud de éste, más importante es la ligereza y poder generar una cifra lo más próxima posible a 6,62-6,50 vatios por kilogramo de peso (en un test de 20 minutos). El día a día de Froome o Quintana, sus entrenamientos, su comida y su descanso están planificados para poder desarrollar esa potencia y saben que en esa cifra está la respuesta a si serán capaces de optar a la victoria final o no. Antes de comenzar la competición ellos ya conocen sus opciones reales.

Datos y más datos. Todo analizado y calculado en cada entrenamiento para que cada ciclista explote sus mejores cualidades. Pero, ¿cómo saber las características de cada persona para incluirlo en el grupo de esprínter, rodadores o escaladores? Sencillo, a partir de un protocolo de cuatro test pedaleados a la máxima intensidad durante cinco segundos y uno, cinco y veinte minutos, que analizados con las herramientas y conocimientos adecuados muestran en qué nivel se encuentra ese ciclista en relación a cualquier otro del mundo, llámese Cavendish, Cancellara, Froome o el aficionado que entrena tres veces por semana. Éste, en los mismos test que los mejores del mundo sería capaz de desarrollar una potencia de alrededor de 12,28, 3,13 y 2,69 vatios por kilogramo de peso en veinte minutos en los test de cinco segundos, cinco minutos y veinte minutos respectivamente: evidentes las diferencias.

Y es que nada ni nadie se escapa a ese minúsculo medidor llamado potenciómetro que ahora calcula con exactitud absoluta el nivel de cada ciclista y cómo incrementarlo. ¡Es hora de pedalear para saber tus virtudes!

Texto: José Ramón Callén Rodríguez.

*Nota. El presente artículo fue publicado en el Periódico La Opinión de Tenerife el miércoles, 26 de agosto del 2015.

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