En octubre del 2014 Lew Hollander tenía la intención de ser el triatleta con más edad en terminar un Ironman. Lo iba a intentar en Hawai’i. Según sus palabras, el brutal viento de aquel sábado soleado en Kona, algo que él nunca había visto antes en sus 23 participaciones en ese evento, le supuso una barrera demasiado exigente como para alcanzar la soñada línea de meta en menos de las 17h00’ que marca la organización. Era la primera vez en más de 2000 competiciones de todo tipo que el bueno de Lew debía de verse forzado a abandonar.

Después de poco más de un mes, en Florida, la sonrisa del estadounidense volvió a ser total: tras 14h57’39’’ Hollander conseguía el récord que buscaba al finalizar el Ironman con tan solo 84 años de edad.

Hasta hace algo más de un siglo la esperanza de vida en Europa era de treinta años, el tiempo suficiente como para, como afirma el divulgador científico Eduardo Punset, “aprender a sobrevivir y culminar el propósito evolutivo de reproducirse”. Pocos años eran aquellos como para mirar a un lejano futuro y pensar en la felicidad como algo que lograr en la vida.

Que en estos momentos la longevidad haya ganado terreno se traduce en que se pueda llegar en la vida a explorar otros terrenos, como por ejemplo el deportivo. Y así lo demuestra el japonés Hidekichi Miyazaki, que con 103 años sigue compitiendo en los 100 metros lisos tras un comienzo en el atletismo que llegó a sus 92 años de juventud.

Según los expertos en genética, ya ha nacido la primera persona que vivirá más de 150 años e incluso algunas investigaciones apuntan a que podríamos estar dotados para llegar a vivir hasta 400 años. El tiempo lo dirá.

Lo que sí es cierto es que de ese libro de 23000 páginas que es el ADN humano, estamos aprendiendo constantemente para su aplicación a los deportistas. Ya existen centros en los que mediante el estudio del ADN se les orienta para seguir con el tipo de entrenamiento y nutrición más adecuados a sus características genéticas.

Y es que para algunos, en la genética está la respuesta a cualquier posibilidad de éxito a nivel deportivo. En esa secuencia de 23000 genes se escondería si una persona puede llegar a ser campeón olímpico o no.

Pero no todos piensan así ya que están los que afirman que la clave de lograr cualquier meta radica en la voluntad, en la constancia, en la perseverancia. Guillermo Campitelli y Fernand Gobet con su “Teoría de las 10000 horas” son algunos de los más destacados defensores de que querer es poder. Así, en las conclusiones de sus investigaciones los dos científicos afirman que para lograr la excelencia deportiva son necesarias 10000 horas de entrenamiento bien planificado.

La realidad es que el elenco de deportistas que pisan el máximo rendimiento deportivo es tan variado que probablemente tanto unos como otros, los genetistas y los perseverantes, tengan algo de razón con sus investigaciones.

Las marcas hoy en día se siguen batiendo. A ello contribuye que la ciencia aplicada al deporte hace posible conocer mejor el funcionamiento del organismo del deportista durante su preparación (entre otros parámetros clave) y con ello se aplican nuevos sistemas de entrenamiento que mejoran a los anteriores en la calidad de sus aportaciones, llevando a dicho deportista a rendir cada vez a mayor nivel. Por supuesto, esas aportaciones positivas del entrenamiento repercuten también en las planificaciones de los deportistas amateurs.

Inés Hernández hace algo más de cinco años no había probado nunca el triatlón y ni tan siquiera la natación, pero su ilusión era completar el Ironman de Lanzarote a sus cerca de 50 años de edad. Los integrantes del club de triatlón del que formaba parte, apostaban por unanimidad a que no conseguiría hacer su sueño realidad: lo tenían claro.

Lo que desconocían es que los verdaderos límites de una persona están en gran cantidad de ocasiones en las barreras mentales que cada uno se marca. Cualquiera que quiera dedicar suficiente inversión de energía como para conquistar sus metas, puede lograrlas. Y eso es exactamente lo que hizo Inés, que unos meses después de aquella apuesta (fallida) de sus compañeros de equipo, finalizaba sonriente el Ironman de Lanzarote, nadando sus 3800m, pedaleando 180km alrededor de la isla y terminando con un maratón en Puerto del Carmen.

Diversas investigaciones muestran que para conseguir la felicidad es esencial el disfrutar de un estilo de vida con el que darle sentido a cada día. Y en ello se basó Inés para aquel su primer triatlón y para todas las numerosas metas que exitosamente ha cruzado después. Sin ir más lejos, el pasado mes de mayo del 2014 cuando llegó por quinta vez a completar el Ironman de Lanzarote y lo hizo como siempre: con una enorme sonrisa a través de la se puede entender que los límites están mucho más allá de lo que se puede imaginar, que sólo hace falta involucrarse con pasión para lograr su conquista.

Texto: José Ramón Callén Rodríguez.

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